Fundación PILARES

para la autonomía personal

Apoyamos la dignidad a lo largo de la vida
mediante la innovación, el conocimiento
y la cooperación.

 
Pilar Rodríguez RNE

Entrevista a Pilar Rodríguez en el programa Gente Despierta de RNE. 08/02/2018

Nuestra presidenta Pilar Rodríguez ha participado en la madrugada del 8 de febrero en el programa Gente Despierta de RNE que dirige Carles Mesa.

"Hoy hablamos, de nuevo, de las residencias de mayores, a raíz de la investigación puesta en marcha por el Defensor del Pueblo para examinar la situación de estas instalaciones. Abordamos esta cuestión con Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares, que lucha por la autonomía de los ancianos."

Transcripción de la Entrevista a Pilar Rodríguez en el Programa Gente Despierta de RNE 08/02/2018

Por José Luis Calle Perez

CARLOS. Hace unos días, a principios de enero, hablábamos de las residencias de mayores. Lo hacíamos a raíz de la investigación abierta por el defensor del pueblo para conocer la situación real de esos centros. Y nuestro invitado en aquella ocasión fue Mariano López de Ayala, en representación de AESTE, la asociación de empresas de servicios para la dependencia.

Recibimos muchísimas llamadas de despiertos, tantas que la mayoría no pudieron entrar en antena. Y buena parte de ellas expresaban quejas por el trato que se da a las personas mayores en algunas residencias, y que no siempre es el adecuado.

Vamos a recordar dos de aquellos testimonios:

JULIA: “En principio yo lo que diría es el abusivo precio que se pone por unos cuidados mínimos, que le digo mínimos, en las residencias privadas, que precisamente son las que menos dotación de personal tienen y además menos cualificado. Y precisamente son las que más valen. Y bueno, pues luego con unas deficiencias nutricionales que no entendemos, pagando una cantidad desorbitada como son cuatro mil euros al mes”

MARIANO: “Buenas noches Julia. De todo hay en la viña del Señor, de todo hay. Hay residencias buenas, residencias malas, hospitales buenos, hospitales malos, y coches buenos y coches malos. Que haya precios desorbitados como dice usted, bueno yo he sido el primero que he dicho que las residencias son caras, no son un recurso barato, pero comparemos con otras cosas. Comparemos precios de residencias con precios de, yo que sé, de un hotel…”

JULIA:” Ya, pero en base a qué se cobra ese dinero. Si se le da una sopita de escasa cantidad y alguna cosa más a un abuelo que gasta lo mínimo al día. Cómo es posible que después de tener esa carencia de servicios y de personal…”

ESTHER: “Bueno, intento ser breve, mi padre lleva un año en diferentes residencias y yo no he encontrado ni empatía ni… Salvo en el personal que trata directamente con mi padre, todo lo que es el engranaje, la dinámica, la burocracia,… todo eso es frío, deshumano, despiadado,… lo que ya resulta muy duro se convierte en una pesadilla.”

Julia de Madrid y Esther de Alcobendas son sólo dos de las llamadas recibidas aquel día. Hubo tanta participación que hoy tenemos más tiempo para los despiertos. Ya lo saben, hablamos de las residencias de mayores.

Pues, además de llamadas, hubo también despiertos que nos enviaron mensajes a las redes sociales de gente despierta y al correo electrónico. Y uno de ellos fue Pilar Rodríguez, que es presidenta de la Fundación Pilares para la autonomía personal. En su correo, Pilar se quejaba de que la imagen que nuestro invitado dio de las residencias de mayores no se correspondía en nada con la realidad.

Bien, pues Pilar Rodríguez está hoy con nosotros también para seguir hablando de las residencias y en general de la atención a nuestros mayores. Que nosotros, si todo va bien, también llegaremos a serlo.

Pilar, buenas noches, bienvenida.

  • PILAR. Buenas noches Carlos
  • CARLOS. Buenas noches y muchas gracias por acompañarnos en directo Pilar.
  • PILAR. Bueno, me suena un poco raro hablar desde aquí cuando normalmente  te escucho desde la cama.
  • CARLOS. ¿Está en  la cama siempre, normalmente?
  • PILAR: Si
  • CARLOS. Pues muchas gracias por ser una despierta Pilar. Para empezar, ¿qué es la Fundación Pilares?
  • PILAR. La Fundación Pilares es una ONG que trabaja fundamentalmente para mejorar la vida de las personas mayores y las personas con discapacidad; en general de las personas que necesitan apoyo para el desarrollo de su vida porque tienen alguna situación de dependencia, tienen enfermedades crónicas; y necesitan ese apoyo, tanto si están en su domicilio como si están en una residencia
  • CARLOS. Y ¿en qué consiste ese nuevo modelo de atención a los mayores que ustedes propugnan desde esa Fundación?
  • PILAR: Nosotros propugnamos un modelo de atención, que se llama atención integral y centrada en la persona. La diferencia con el modo o con el modelo habitual, antiguo, tradicional es que en lugar de centrarse en los déficits que tiene la persona, en sus enfermedades crónicas, en sus patologías, lo que prima es poner el foco en la persona, en cada una de las personas de manera personalizada e individual. Es decir, no se hace receta para todos”.
  • CARLOS. Que eso sería lo lógico, ¿verdad?
  • PILAR: “Eso debería ser lo lógico, ¿verdad que si?
  • CARLOS. Si
  • PILAR.  Pues no es, desgraciadamente. Desgraciadamente cuando a una persona –lo habitual eh, que afortunadamente también hay una parte positiva, lo que yo vengo a contar aquí- y es que las cosas afortunadamente están cambiando. Es difícil y el cambio será lento, pero lo bueno es que ya estamos andando. Lo que ocurre habitualmente cuando una persona va a una residencia es que lleva una maletita y deja toda su vida atrás. Y, a partir de que entra en la residencia, con el sistema tradicional de cuidados el foco se pone en su discapacidad, en su enfermedad, y todo lo que se hace es centrándolo en eso, y la persona queda relegada. La persona, muchas veces, no se sabe ni quien es, ni de dónde viene, sus gustos, sus aficiones, lo que le gustaría hacer durante el día...Y lógicamente, una persona que necesita cuidados los necesita por ejemplo para levantarse, para bañarse… pero luego tiene todo el día para vivir. Y eso, la vida, es lo que falta en muchas residencias. Nosotros, cualquiera de nosotros puede ir, como muy bien has dicho Carlos, cualquier día, o nuestra madre o nuestro padre, y sabemos muy bien que hay un miedo tremendo por parte de las personas; la imagen social es muy mala. Pero es imagen social ha sido ganada a pulso, diría yo, por esta manera de atender tan despersonalizada, tan deshumanizada diría yo. Y esto se conjuga también con que los espacios donde están las residencias suelen ser espacios fríos, tipo hospital, donde no hay nada que a la persona le recuerde su vida anterior. Y claro, esto de traspasar la puerta de la residencia con tu maletita y dejar toda tu vida atrás pues es un trauma muy difícil de digerir. Y por eso es lógico que las personas no quieran ir a una residencia.
  • CARLOS. Claro.
  • PILAR: Las personas cuando van es porque  no tienen otro remedio. También las familias van porque no pueden más, porque nadie les está apoyando en casa. Y todo esto juega a favor de que con este sistema, digamos convencional, de atender fijándose solamente en los déficits pues hace que realmente la persona no se encuentre bien, porque es que renuncia a su vida, deja de hacer las cosas que le gustan, porque necesita cuidados, porque tiene una situación de dependencia. Nos cargamos la autonomía de la persona para que dirija su propia vida.
    Esto es lo que el modelo que propugnamos y defendemos quiere evitar.
  • CARLOS. Y es cierto también lo que me comentaba por correo electrónico un despierto en aquella ocasión, hace un mes aproximadamente. Él decía, es que claro cuando habláis de personas mayores lo decís como con distancia, de ellos en lugar de nosotros, cuando todos somos o seremos mayores en definitiva, somos los mismos pero con unos años de más.
  • PILAR. Claro, ya lo decía Simone de Beauvoir cuando escribió en los años 60 un libro que se llama La Vejez. Decía, hablamos de la vejez como si no nos concerniera, como si le pasara sólo a los demás. Si no integramos dentro de nuestra concepción vital que vamos a ser mayores O que vamos a tener necesidades de cuidados, ¿qué va a pasar como sociedad?, ya nos lo tenemos que preguntar.
    ¿Cómo queremos que nos cuiden? ¿Queremos perder la dignidad? Si nos ponemos en la situación de algunas residencias –afortunadamente ya digo que las cosas están cambiando, pero el cambio es muy grande porque es un cambio cultural—
  • CARLOS. Si es cierto también que el concepto, que antes definía eso de tercera edad, era muy distinto al que tenemos ahora.
  • PILAR. Claro, afortunadamente, no son personas de tercera edad sino personas en todo su esplendor y con toda su categoría vital, su dignidad, sus derechos. Y claro, lo que no puede ser es que porque necesites cuidados no puedas ejercer tus derechos, no puedas decidir cosas del día a día. Ya digo, es que el poner el foco en la enfermedad, en la discapacidad, en la situación de dependencia; hace que nos olvidemos de que son personas.
    Y luego otro problema, que suele haber en algunas residencias con el sistema tradicional, es la rotación del personal. El personal que atiende directamente a las personas, continuadamente, rota por las residencias. Esto es un uso común. ¿Qué pasa? Que la persona que llega y que es atendida por “juanita” mañana es atendida por “pepa” y pasado mañana es “mercedes”. Entonces no hay manera de establecer un vínculo de relación de ayuda donde esa cuidadora, esa persona que está acompañando a la persona –y digo acompañar, no a hacer tareas, acompañarla- necesita tener ese vínculo de confianza. Nosotros trabajamos con una cosa que se llama historia de vida, porque se necesita conocer a la persona, sus preferencias, sus deseos, como le gusta vivir su día a día, que sueños tiene; para intentar apoyarle en que eso sea así. Es un trabajo maravilloso, diría yo, porque es devolverles la dignidad a las personas cuando necesitan ayuda.
  • CARLOS. Que importante eso de la dignidad. Ustedes, como dice Pilar, propugnan que la atención profesional en las residencias de mayores no se haga desde la condición de pacientes o dependientes sino que se haga desde la consideración de personas, para que sigan manteniendo su autonomía. ¿Esto incluye a personas con gran dependencia o con algún tipo de demencia?
  • PILAR. Sí. Ocurre que muchas de las personas que viven en una residencia tienen una situación de deterioro cognitivo, una demencia tipo Alzheimer o de otro tipo. De hecho, el momento casi de que una familia decide que ya no puede más, que no sabe cómo atender al familiar, y acude a una residencia, justamente es por eso, porque su padre, su madre, su marido, tiene una situación de demencia.
    Lo que ocurre habitualmente cuando una persona tiene una demencia es que todos los comportamientos que tiene -y que se llaman comportamientos desajustados o comportamientos que son desafiantes, la verdad es que tienen nombres tremendos- se atribuye todo a la enfermedad, se atribuye todo a la demencia. Es decir, si tú vas por una residencia y una señora o un señor que se levanta continuamente y grita, enseguida te dirán no te preocupes, es que tiene una demencia, es un demente. Y sabemos, porque nos lo dice la ciencia, y los investigadores que han investigado la atención a personas con demencia desde la atención centrada en la persona, que muchas veces las personas con demencia lo que hacen es expresar su malestar de la manera que pueden. No saben, no tienen capacidad para expresarlo verbalmente, pero si lo hacen de una manera que nosotros vemos con esos comportamientos desafiantes, disruptivos.
    Y al atribuir ese comportamiento a la demencia lo que se hace es nada. Y a eso lo llamamos nihilismo terapéutico. Si tú crees que no puedes hacer nada por mejorar la vida de la gente no vas a hacer nada.
  • CARLOS. Los poderes públicos, las Administraciones, ¿son conscientes de este cambio generacional  del que estamos hablando?
  • PILAR. Sí.
  • CARLOS.  Las instituciones son las que primero deben ser conscientes de  ello y por tanto hacer posible también ese cambio de modelo, ¿no?.
  • PILAR. Claro, esto sería lo ideal. Porque sí que es verdad que hay muchísimos profesionales que no están a gusto con el trabajo que hacen, que se dan cuenta de que su trabajo sería mucho mejor si realmente trabajaran desde los fundamentos de la ética, que considera a la persona a la que atienen como a una persona con mis mismos derechos, igual a mí, que podría ser yo.
    Y estos profesionales están, en general, deseando trabajar mejor, deseando cambiar ese foco de las deficiencias y de las enfermedades por el foco de la persona, de llamar a cada uno por su nombre, de conocerlo, y apoyarlo en su proyecto de vida que todavía lo tiene.
  • CARLOS.  En un estudio titulado Envejecer sin ser mayor, en el que usted participó, se dice textualmente “estamos ante una generación que envejece pero que no se identifica con el roll que han desempeñado las personas mayores hasta el momento. Toda una generación dispuesta a impugnar que su edad la defina socialmente enfrentándose si no al vacío si, al menos, a un escenario plagado de propuestas difusas con relación a su inquietud de quien ser como personas mayores”.
    Y le pregunto también, Pilar, ¿Cuál debe ser el papel de las familias?
  • PILAR. Las familias nos da para otro programa y otro capítulo. Las familias, muchas veces, se sienten confundidas, se sienten, cuando tienen que tomar la decisión de llevar una residencia, culpables. Se sienten culpables por todo esto que decíamos antes de la visión tan negativa que tienen las residencias, y que es como una sensación de abandono.
    Entonces, qué hacen las familias cuando llevan a su familiar a una residencia actúan, de alguna manera, como de inspectores. Van a la residencia a ver qué ha pasado, qué se ha hecho mal. Y esto tiene como contraprestación que los profesionales de la residencia no miren con buenos ojos a las familias porque llega la familia y pregunta “qué pasó con mi padre que me han dicho que se ha caído” y le suele contestar la cuidadora “ah, no sé, yo no estaba”.
  • CARLOS. Pero es lógica esa inquietud de las familias.
  • PILAR. Claro que es lógica, pero por eso, nosotros desde el modelo lo que decimos y lo que se hace es trabajar con las familias y formarles también a ellas. Porque, por ejemplo, en el caso de las demencias muchas familias no saben cómo responder a esos comportamientos de una persona que tiene un deterior cognitivo grave. Y esto hay que enseñárselo también a las familias. Que hay maneras de observar, de escuchar, las reacciones que tienen las personas con demencia y saber cómo afrontar esos comportamientos de otra manera. Mirándolo como qué me quiere decir cuando está gritando, observar cuando grita, qué ha ocurrido, qué ha pasado antes. Claro, son técnicas que hay que aprenderlas. Pero sobre todo aprender a mirar a las personas.
    Y las familias, cuando se trabaja con el modelo, lo que se busca es que sean, no enemigos ni inspectores, aliados. Aliados de la residencia. Que la persona y su familia van a estar allí como en su casa.
    Decías lo de las Administraciones Públicas. Hay Administraciones Públicas que si que han visto que el camino no puede ser seguir atendiendo a las personas en centros deshumanizados, centros que son como hospitales de tercera categoría, porque en un hospital por muy bueno que sea a nadie le gusta vivir, verdad que no.
  • CARLOS.  No, claro que no.
  • PILAR. Si tú vas a un hospital estas deseando que curen para irte corriendo a casa; pero claro, ir a una residencia puede significar que vas a vivir en  ella diez años, veinte años algunos llevan viviendo en una residencia. Y eso de segar la vida porque has entrado en una residencia, porque tienes necesidades de cuidados, no puede ser.
    Entonces, algunas Administraciones Públicas, voy a ponerle dos ejemplos, porque fueron las pioneras; una fue el País Vasco y otra Castilla y León. En la Comunidad Autónoma de Castilla y León han puesto en marcha un modelo que se llama “en mi casa”. Las residencias tienen un proyecto que se llama “en mi casa”. La idea, que sería lo ideal y es a dónde va el modelo de atención centrada en la persona, es que cuando necesito cuidados permanentes -para levantarme, para comer, para bañarme- no signifique un cambio radical con respecto a mi vida y que tenga que dejar de hacer las cosas que me gustaban cuando yo estaba en mi casa. O sea, que sea como irte a otra casa.
  • C. Si, que no sea traumático el cambio.
  • P.R. Por eso “en mi casa”, que la residencia sea como en tu casa también.
  • C.  Pilar, vamos a charlas con los despiertos.
  • P.R. Estupendo.
  • C. Vamos allá. La una y veinticinco, doce y veinticinco en Canarias. Por cierto Pilar, dice usted que vamos avanzando poquito a poco, paso a paso, se van dando pasos; ¿Dónde están ustedes presentes? ¿en qué ciudades están llevando a cabo este proyecto?
  • P.R.  Nosotros estamos en varias Comunidades Autónomas. Estuvimos en Castilla y León trabajando con la Junta en este cambio de modelo en transformar las residencias en “mi casa”. Trabajamos también mucho en Cataluña, donde tenemos además un Master para formar a los profesionales sobre el modelo integral y centrado en la persona, con la Universidad de Vic. Y también trabajamos con muchos proveedores de servicios de Cataluña. En Madrid estamos trabajando con el Ayuntamiento y con la Comunidad. En Castilla la Mancha y en muchos lugares. Por eso digo que, afortunadamente, la ola va llegando.
  • Intervención de los oyentes

  • C. Estupendo. Si ustedes quieren más información www.fundacionpilares.org. Nos vamos a Palma de Mallorca, Pilar buenas noches.
  • PILAR. Hola que tal, buenas noches.
  • C. Adelante Pilar.
  • P. Bueno una cosa. Completamente de acuerdo con Pilar, por supuesto. Y quiero romper una lanza en favor de algunas residencias. Por ejemplo, yo tengo el enorme privilegio de, hace cinco o seis años, poder ser voluntaria en las Hermanitas de los Pobres, en Palma. En la vida he visto una residencia donde se trate con tanto cariño y tanta dedicación a los viejitos. Jamás. Yo alucino cada vez que voy, y voy bastante claro. Y le aseguro, allí no falta nada ni sobra nada. Se les trata con cariño, comen bien, saben absolutamente sus nombres, sus necesidades; y es gente que no tiene nada, realmente, porque no pueden cobrar mucho, ni mucho menos, porque realmente cobran unas pensiones bajísimas. Y lo le digo una cosa, es un privilegio, son espectaculares. No solamente las monjitas que están allí, estoy hablando de las asalariadas y los asalariados que están allí. Un cariño y una dedicación como en la vida. Si puede ser Pilar, me encantaría que pasase por aquí y lo viera.
  • PR. Estoy convencida Pilar. Claro que hay centros que están trabajando en esa línea de centrarse en las personas.
  • P. Y no tienen ninguna ayuda estatal. Ninguna, la más mínima.  Son una ONG absolutamente. Y cuando les hace falta pues ponen unas notas o salen las monjitas por la calle a pedir dinero, porque no tienen ni para arreglar la calefacción. Ya le digo, para mí es un enorme privilegio y es una lanza a romper en favor de las Hermanitas de los Pobres.
  • C. La hemos roto.
  • P. Y lo digo de corazón, para mi es maravilloso poder ir.
  • C. Pilar, muchísimas gracias. María, Segovia, buenas noches.

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  • MARIA. Hola buenas noches.
  • C. Adelante.
  • M. Yo quería comentar el concepto de nihilismo terapéutico, que ha comentado Pilar. El sitio donde yo trabajé está muy asociado a la idea que ha expuesto ella. Realmente el personal no está cualificado para tratar esto. La terapia que utilizan con ellos era tenerlos sedados todo el día, y así no molestaban a nadie. Ese es el punto negativo. Y luego, otra cosa, que también veo mal es la mala coordinación que hay con la gente superior que tiene que dirigir a toda la plantilla. Y nada más.
  • C.  Pues queda claro.
  • PR. Muy bien María, gracias por su testimonio. Efectivamente, la relación entre el equipo técnico, que suelen estar lejos de las personas que están acompañando de manera continuada a las personas; nosotros lo que proponemos es que tienen que estar más cerca de esas personas y además formándoles, enseñándoles las pautas del buen cuidado, y enseñándoles a acompañar a la persona. No solamente atenderlas bien, pobrecitos, con esa mirada un poco infantiloide también hacia la persona, sino buscando las partes positivas, las capacidades que tenemos todos. Y, a partir de ahí, apoyarles para que sigan haciendo elecciones, para que sigan haciendo las cosas que les gustan. Por ejemplo, una cosa que hacemos es lo que llamamos actividades significativas. ¿Qué quiere decir eso? Que en lugar de irse a hacer un puzzle a un taller para el que quiera hacerlo, pues que haya actividades que tengan sentido para las personas. Para uno será la jardinería, para otros coser, para otros leer, …
  • M. Para lo que esté capacitado cada uno.
  • PR. Claro.
  • C. María, muchas gracias.
  • PR. María gracias.
  • M. A ustedes.

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  • C. Buenas noches y hasta otra. Por cierto voy a leer un mensaje que nos envía José Manuel Medel Carrasco, desde Madrid. Nos llamó hace un tiempo a este programa y efectivamente habló muy bien de las residencias. Voy a leer muy brevemente el correo que nos envía porque es muy extenso:
    “Mi madre Rosita se fue para siempre el pasado 21 de septiembre, precisamente el día del Alzheimer, su enfermedad, caprichos del destino. No creo que sea necesario explicar el dolor que se siente ante estas circunstancias, pero quiero decir algo que creo que es fundamental y que tiene que ver mucho con la temática de hoy. Mi único consuelo en estos momentos fue saber que había estado en las mejores manos, en la residencia Jazmín, en la que estuvo durante caso 12 años. La trataron tan bien y se fue con una dignidad tan grande que no tendría palabras para expresar mi gratitud. Yo, cuando llegué a mi casa después de incinerarla fue escribir  un correo electrónico al centro dedicado a todo su personal.”
     Así que, desde aquí también al personal de esa residencia, Jazmín, un abrazo  todos.
  • PR. Enhorabuena a la residencia Jazmín, que la conozco. Efectivamente es un buen ejemplo del buen hacer. También quería trasladar una visión positiva de que se está trabajando, de que la nueva ola, no es una moda, del cambio cultural está llegando.
  • C. Pues muchas gracias José Manuel Medel y un abrazo muy fuerte, muchas gracias por ponerse en contacto con nosotros.

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  • Ana María, Barcelona, buenas noches:
  • ANA MARÍA. Hola buenas noches.
  • C. Adelante.
  • AM. Intentaré ser breve. Mi caso es un poquito particular. Mi madre murió desgraciadamente hace ya un año, tuvo Alzheimer y yo la tuve en casa. Diré que soy invidente total, soy ciega total. La tuve en casa hasta que pude, con todas las consecuencias, con  lo complicado que fue para mí. Entonces no quedó más remedio –la asistenta social: la tienes que meter en una residencia y tal-. Fue una odisea ponerme a buscar residencia, la tuve que cambiar dos veces, no estuvo a gusto en ninguna, el trato muy frío. De lo que me quejo, muy bonita por fuera, una de lujo, de cinco estrellas, las habitaciones muy bonitas; pero faltaba calidad humana. Y no solamente con ella sino también conmigo. Porque claro, en mi caso, una cosa es que metas en la residencia a un familiar porque –bueno, hay muchas circunstancias- pero en mi caso es que era obligatorio, sí o sí. Era superdoloroso como llegaba yo, y yo misma me daba cuenta de que a mi madre no la habían cambiado, llevaba la misma ropa todos los días. Y cuando yo protestaba: “bueno, es que ella no quiere”. Yo me daba cuenta de que ellos no eran capaces de darse cuenta.
    Cambiando el persona, lo que dice Pilar. Y bueno otra cosa, fui todo de pago, porque no había plazas públicas que eso es lo que voy a comentar. Si Pilar lo sabe: mis suegros se están haciendo mayores desgraciadamente y tendremos un problema similar. En estos casos, cuando somos personas discapacitadas y tenemos un familiar al cargo, que no podemos cuidar como queremos, porque los querríamos tener en casa y tal, ¿no hay la posibilidad de que la lista de espera sea más breve? Porque en  mi caso, con lo de mi madre, no. Lo moví y no tuve oportunidad ninguna. Tuve que pagar hasta el final y bueno, listas de espera de 4 años, y tuve que esperar como todo el mundo.
  • PR. Eso depende de la normativa que tenga cada comunidad autónoma. Habitualmente si se consigue y se considera la situación familiar que tiene la persona así como otras condiciones como es su renta. No lo sé en el casi suyo.
  • AM. No se trata solamente de la renta, si puedes o no económicamente. En este caso mi madre tenía un dinero ahorrado, yo lo gasté con ella, lo que faltaba lo ponía, lo pudimos solucionar, pero el problema está en que si la cosa se llega a alargar mucho no hay dinero que llegue. Entonces, claro, yo intentaba pues para mi madre lo mejor y lógicamente ves que el dinero se va y que es una angustia el ver que –dices, es que se te va a ir y que no sabes lo que va a poder hacer- y cuando intentas, pues eso, picar a todas las puertas y decir es que yo no la tengo por capricho, es que mi caso yo realmente no puedo tenerla en casa. Te ves totalmente desamparada.
  • PR. Desde luego yo creo que conecta con las decisiones políticas que tiene que haber de una sociedad hacia donde queremos caminar. Y efectivamente el cuidado de las personas que necesitan atención en una residencia no es barato. No me gusta hablar de barato o caro, lo que me gusta es hablar de buena calidad de la atención, y esto tiene que ser una prioridad política. Y creo que las prioridades políticas también se desarrollan cuando hay presión en la calle, cuando somos los ciudadanos los que presionamos. Y desde luego con el envejecimiento de la población la cantidad de personas mayores que vamos a ser, y que vamos a necesitar cuidados, necesitamos ejercer esa presión a las autoridades para que pongan el dinero en las cosas que son necesarias.
  • C. Hay que ponerlo, hay que ponerlo. Ana María, muchas gracias.
  • AM. Falta mucho. Muchas gracias.
  • PR. Mucho ánimo.

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  • C. Volvemos a Madrid, Margarita, buenas noches.
  • MARGARITA. Hola buena noches.
  • C. Adelante.
    M. Yo dejo sentado ya que en este momento tengo 73 años con lo cual yo estoy ya en ese umbral y he acompañado, por circunstancias, a cuatro personas en diferentes situaciones. Está desde el primer  momento, deshumanizado. Tuve un problema muy serio con mi madre porque las asistentes sociales o el personal social tenían toda la pinta de recaudadoras de impuestos y no de trabajadores sociales. Yo soy voluntaria, he estado en un montón de residencias, he acompañado a gente antes de esto, y el problema siempre es el mismo. Falta de personal, falta de cualificación, muchísimo trabajo., porque cada vez llegamos a las residencias con más edad, con más patologías, y el personal siempre suele ser la misma cantidad, con lo cual no llegas a nada. La verdad es que falta muchísimo. Lo que estoy oyendo está bastante lejos de lo que yo he vivido. Las residencias, muchas tienen muy buen aspecto, son elementos bien, pero tienes que luchar día a día, si reclamas lo que les corresponde de lo que necesitan ellos no quieren porque luego dicen que les tratan mal cuando tú te vas.
  • C. Bueno hay de todo, hay de todo. Margarita, gracias también.
  • PR. Gracias.

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  • C. En Leganés, Madrid, María del Carmen, buenas noches.
  • MARI CARMEN. Buenas noches, mire, yo contrario a todo lo que están hablando, tengo una experiencia maravillosa con mi madre. Mi madre vivía con nosotros, estaba estupendamente, yo trabajaba y tal. A raíz de un constipado muy fuerte la tuve que ingresar y estuvo una semana en coma. Cuando despertó del coma le había afectado al riego sanguíneo y no podía mover las piernas. En el hospital unas noches criminales. Se desnudaba, bueno, teníamos que estar con ella las 24 horas del día. Total, que entre que ya estaba un poco mejor y tal, decidimos llevarla a una residencia porque claro, ya digo que no se movía. Me habían hablado de una residencia en Fuenlabrada, fuimos mis hermanos y yo. Esta residencia es justo una planta particular baja entera para personas así sin movilidad, y luego la parte de arriba para personas que entran y salen a la calle y tal. Bueno, entonces mi madre estaba en la planta de abajo, a la entrada había personas prácticamente en estado vegetativo y tal, muy bien atendidos y eso, y luego en la parte del salón estaba mi madre atada por la cintura al sillón. Mi madre estaba muy bien atendida. Yo le llevé ropa, un día iba mi hija, otro yo, otros mis hermanos, todos los días íbamos. Cuando llegábamos allí olía a gloria pura. Allí íbamos cuando queríamos. Olía de maravilla. Cuando llegábamos decía mi madre le decía a mi hoja “anda, Nuria, que ya te he preparado la comida para que te vayas a trabajar”. Cuando pasaba la aspiradora decía a la chica “oye fulana, mira que yo ya he pasado la aspiradora”. Mi madre estuvo de maravilla,
  • C. ¿Qué residencia es?
  • MC. No me acuerdo el nombre, es en la calle Galicia, en Fuenlabrada, es una residencia que son dos pisitos.
  • C. Bueno, pues se darán por aludidos si nos están escuchando. María del Carmen, gracias también por la experiencia.
  • MC. Mire, solamente un detalle, cuando mi madre murió el 2 de mayo, me llamaron y me cobraron los dos días y el resto me abonaron el importe.
  • C. Queda dicho. Un beso muy fuerte.
  • MC. Porque todo no es malo.
  • C. Gracias.
  • PR. Gracias Mari Carmen. Una cosa importante es el tamaño de las residencias. Para hacer el modelo de atención centrada en la persona es importante que el centro sea pequeño o que el centro grande se divida en lo que llamamos unidades de convivencia. Pequeñas unidades de convivencia. Se trata de reproducir el modelo hogar. Y tienen que ser pocas personas.

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  • C. Francisco, Salamanca, buenas noches.
  • FRANCISCO. Simplemente quería decir cuando he puesto la radio y he empezado a escuchar a Pilar me parece que ha hecho un discurso de lo que son las residencias bastante prejuicioso y tremendista. Hay residencias de todo tipo y color, hay situaciones de todo tipo y color. Yo llevo 25 años en una residencia y desde luego todas esas cosas que se cuentan pues no se produce. Quizás sea porque es una residencia pública en la que todo el mundo tiene la titulación oficial exigida, no como en muchas residencias privadas en la que buena parte de las personas que están cuidando a personas no tienen ninguna titulación. De hecho he estado ya en cinco procedimientos de acreditación de competencias como evaluador y te encuentras que han pasado prácticamente todas las personas cuidadoras de la provincia que no tienen ninguna titulación acorde con lo que están haciendo y desde luego veo un montón de carencias. Pero decir que se tapan las cosas, mire usted lo primero que se hace cuando ocurre cualquier cosa es ponerse en contacto con  las familias para que no lleguen y digan oiga es que he visto a mi familiar esto, no mire usted, es que esto es así…
  • C. Francisco, queda dicho. Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares, gracias por estas con nosotros esta noche.
  • PR. Gracias, pero quiero decir que no creo haber hecho un discurso tremendista de las residencias ni mucho menos.
  • C. Queda defendido. ¿Cómo se ve la radio desde ahí? ¿Muy bien, no?
  • PR. Muy bien.
  • C. Pues ahora a la cama, venga.
  • PR. A escuchar desde la cama.

Pilar Rodríguez en Gente Depierta


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