cuidados de larga duración
Conjunto de fichas que permiten, en torno a descriptores de buenas prácticas, la autoevaluación en un proceso de reflexión conjunta en equipo.
Son muy útiles para la toma de conciencia y la identificación de puntos fuertes y áreas de mejora entorno a los componentes clave de la comunicación y la promoción del bienestar en personas con demencia.
Promueven, a la vez que se usan, la formación en los elementos clave de buena práctica y compartir significados en los equipos.
Con su uso se identifican áreas en las que poner el foco si queremos avanzar. En este sentido sirven para la planificación.
Documento incluido en la Ruta de Comunicación.
El cuidado se produce siempre en un contexto de comunicación interpersonal. Incluso cuando realizamos tareas de cuidado sin hablar, nos estamos comunicando. La ausencia de palabras, los silencios, nuestros gestos, los ritmos de nuestras acciones, transmiten información. Siempre. No comunicarse no es posible.
Nuestra comunicación es una de las herramientas más importantes en el cuidado de las personas con deterioro cognitivo o que han desarrollado una demencia. Porque nuestra comunicación va a modular, en buena medida, el estado emocional de la persona. Puede facilitar su bienestar y, también, contribuir a reducir su malestar. Tampoco hemos de perder de vista que algunas interacciones también pueden intensificar estados emocionales negativos.
Comunicarse con una persona con demencia y entender algunas de sus conductas, en ocasiones, no es sencillo. Por ello hemos elaborado esta guía, para ayudar a quienes acompañan y cuidan a las personas con demencia a comunicarse mejor con ellas.
En esta guía presentamos de forma muy resumida algunas ideas y técnicas que pueden ayudarnos tanto a comprender las necesidades que las personas con demencia expresan como a mejorar el modo en que nos comunicamos con ellas.
Tomar conciencia de algunas creencias que podemos tener sobre las personas con demencia y sobre sus comportamientos, es el punto de partida necesario para que las técnicas que luego presentamos puedan realmente resultar de ayuda. Porque las técnicas son meras herramientas y, para que resulten valiosas, deben proceder de una mirada, de unas actitudes que las soporten.
Muchas de las personas que reciben atención en los centros tienen deterioro cognitivo o demencia. Son personas que tienen necesidades especiales pero que siguen siendo portadoras de derechos y de una identidad propia que requiere aceptación y protección por quienes les cuidamos.
La comunicación es un aspecto clave en el buen cuidado de las personas con demencia. Una adecuada comunicación con las personas con demencia es una estrategia esencial para favorecer el bienestar y para prevenir y abordar las alteraciones del comportamiento que pueden producirse cuando el entorno que les rodea se vuelve confuso.
No obstante, la comunicación con la persona con demencia no siempre es fácil. Requiere mirada y el desarrollo de ciertas actitudes y habilidades por parte de quien acompaña y cuida. Los y las profesionales necesitamos apoyo para ello.
Las medidas exigidas por la Covid19 han mostrado las dificultades especiales de las personas con demencia ante muchas de las situaciones vividas y cómo la comunicación cobra una especial importancia para apoyar a estas personas.
Esta ruta trata de aproximarnos a varios de las cuestiones que favorecen el bienestar a través de una adecuada comunicación entre la persona que compaña y la que es acompañada. Todo ello partiendo de una reflexión, primero individual y luego en equipo, sobre cuáles son nuestras actitudes y creencias entorno al deterioro cognitivo y a las personas con demencia.
La calidad de vida está relacionada, en parte, con las posibilidades que tienen las personas de participar en las decisiones que les afectan, tanto individual como colectivamente. Así, para las personas mayores, la calidad de vida está vinculada a la posibilidad de expresarse, especialmente en lo que respecta a su entorno vital, su plan de cuidados y sus actividades personales. La calidad de vida afirma, pues, el derecho a la libre elección, al consentimiento y al acceso a toda la información relativa a la persona. La persona es un sujeto de derechos que tiene derecho a expresarse a nivel de su propia persona, de los grupos en los que participa, de la institución y de la sociedad.
El proyecto QAVAD, financiado por el Programa ERASMUS+ de la Unión Europea, propone centrarse en la calidad de vida de las personas mayores en el hogar, promoviendo los apoyos necesarios para que mantengan su autonomía, apoyando también a las personas que cuidan en el hogar, tanto familiares como profesionales, así como en la coordinación de los actores que intervienen en el cuidad.
Entre los productos elaboradoras en el marco de este proyecto tenemos esta guía que tiene como principal objetivo apoyar a las personas que cuidan, tanto familiares como profesionales y voluntariado, en las relaciones de cuidado que se dan en el hogar entre todas las personas implicadas, para que tengan una herramienta práctica que les ayude a mejorar la calidad de vida de las personas con necesidades de apoyo y la suya propia.
El enfoque de la guía es desde la Atención Centrada en las Personas, buscando un trato digno en la atención a las personas mayores en situación de dependencia, la promoción de su máxima independencia y el mayor control de su vida cotidiana posibles.
El objetivo del estudio, del que se presentan algunos de sus resultados en este artículo, es conocer las dificultades existentes y las propuestas de mejora para lograr la adecuación de la atención domiciliaria sociosanitaria a las necesidades y preferencias de las personas que requieren cuidados de larga duración.
El método utilizado parte de un enfoque participativo basado en la triangulación utilizando material empírico primario derivado de técnicas cualitativas (23 entrevistas a agentes clave y 2 grupos de discusión).
Los resultados muestran que desde el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) convencional podría generarse un revulsivo para ampliar su contenido y desarrollar una atención en el entorno que integre diferentes actuaciones y dimensiones: lo social y lo sanitario, la atención formal y la informal, la coordinación entre todos los recursos que existan en el territorio (desde el asociacionismo, el voluntariado, los centros cívicos socioculturales, las farmacias y comercios, entre otros), la atención y apoyo a las familias, las intervenciones en la vivienda, el uso de productos de apoyo y tecnología y la participación social.
En suma, urge considerar los retos que se nos presentan para afrontar adecuadamente el cambio demográfico en pro de un envejecimiento activo y saludable, con políticas integrales y centradas en las personas favoreciendo la permanencia en el domicilio y en su entorno comunitario, evitando la institucionalización y dando continuidad a sus proyectos de vida.
