Fundación Pilares y Grupo de Investigación en Políticas Sociales Joaquín Costa de la Universidad de Alcalá.
Este primer texto abre una serie de breves documentos en los que se dará cuenta de la evolución del Modelo Social Europeo (MSE) de cuidados de larga duración (CLD), tanto en general (posicionamientos y documentos de trabajo de la Comisión Europea), como en particular (análisis de la situación en los diferentes regímenes de bienestar y evolución de la construcción social e institucional de los cuidados). Este primer texto analiza la importancia de la Estrategia Europea de Cuidados de 2022 y sus implicaciones.
Los Cuidados de Larga Duración (CLD), entendidos como apoyo a la autonomía de las personas y atención a la dependencia forman parte de Modelo Social Europeo (MSE). El Principio 18 del Pilar Europeo de Derechos Sociales señala que: “Toda persona tiene derecho a cuidados de larga duración asequibles y de buena calidad, en particular de asistencia a domicilio y servicios comunitarios”. Mediante este Principio la atención a la dependencia ha pasado a formar parte del núcleo central de la protección social.
Este Pilar se ha concretado en la aprobación, en septiembre de 2022, por parte de la Comisión Europea de la Estrategia Europea de Cuidados, diseñada para garantizar servicios accesibles, asequibles y de alta calidad en toda la Unión Europea (UE) y mejorar la situación tanto de las personas que reciben cuidados como de las personas que los cuidan, ya sea de manera profesional o informal. Tres meses después, como parte de esta estrategia, el Consejo de la UE adoptó la Recomendación del Consejo de 8 de diciembre de 2022 sobre el acceso a cuidados de larga duración asequibles y de alta calidad, definidos del modo siguiente: “servicios y asistencia para personas que, como resultado de la fragilidad mental y/o física, enfermedades y/o discapacidades durante un período prolongado de tiempo, dependen del apoyo para las actividades de la vida diaria y/o necesitan algún tipo de atención médica permanente“.[1]
La Estrategia Europea de Cuidados y la Recomendación sobre CLD se basan en el enfoque centrado en la persona que es definido en la Recomendación como: “Los servicios de CLD se ofrecen sin ninguna discriminación y abordan las necesidades específicas y cambiantes de cada individuo que necesita atención a largo plazo. Respetan plenamente la integridad personal de las personas que necesitan cuidados, teniendo en cuenta su género, así como su diversidad física, intelectual, cultural, étnica, religiosa, lingüística y social, y, cuando corresponda, la de sus familias o su círculo social inmediato. La persona que necesita cuidados a largo plazo está en el centro de los cuidados y es la base para la planificación de servicios, la gestión de los cuidados, el desarrollo de los trabajadores y el seguimiento de la calidad”.
Este enfoque se corresponde tanto con los posicionamientos profesionales, como con el sentido común de los cuidados: no discriminación, atención centrada en la persona y logro de la calidad. Una lógica que ha sido incorporada en España en el estilo de intervención social de un gran número de directivos y expertos en CLD, pero cuya práctica tiene por delante un largo recorrido para que este enfoque sea plena realidad.
Como parte de este enfoque hay que destacar algunas dimensiones más: la mirada a largo plazo de las necesidades de las personas, ya que cambian a lo largo del tiempo, del mismo modo que cambian sus circunstancias y entornos familiares y sociales; y la libertad de elección plena con las limitaciones razonables que pueden surgir de la propia persona, de una oferta de servicios no apropiadas y barreras físicas y geográficas que exigen una adaptación a las necesidades de las personas. Largo plazo y libertad de elección requieren combinaciones creativas de servicios y entornos sociales e institucionales.
En este contexto, y bajo este enfoque, se puede dar por cerrado conceptualmente el dualismo tradicional de los cuidados: residencias versus atención domiciliaria, con un limitado peso de los cuidados comunitarios. Los entornos de servicios y modos de cuidados se están ampliando y tienden a coordinarse e integrarse. En el MSE de CLD las residencias se orientan a necesidades específicas, organizadas en pequeños tamaños y apoyos sanitarios precisos; la ayuda a domicilio se extiende de los cuidados instrumentales a cuidados integrales; los servicios comunitarios (de día, de noche, respiro) se expanden y se coordinan con los servicios domiciliarios y con los centros sociales o recreativos de mayores; la vivienda en comunidad destaca como una alternativa en alza bajo diferentes fórmulas (cohousing, viviendas individuales con apoyos y otras formas híbridas); la teleasistencia se extiende hacia un uso efectivo de las tecnologías de la información como apoyo en pro de la autonomía de las personas.
Pero la construcción de un modelo social europeo de CLD se enfrenta a barreras, que varían entre países. Las principales son: la disponibilidad insuficiente de servicios o baja oferta, la asequibilidad y la calidad. Así, en el conjunto de la UE solo el 30% de quienes tienen necesidades severas utilizan servicios de atención domiciliaria; la asequibilidad o barrera financiera afecta casi el 36% de los hogares. El gasto público en atención domiciliaria es inferior al 10% del gasto en CLD en muchos países de la UE. Obviamente, las desigualdades entre países miembros de la UE son grandes debido a las diferentes tradiciones de cuidados y a los variados compromisos financieros e institucionales. La idea central es avanzar en convergencia cognitiva e institucional. En general, se puede afirmar que la convergencia cognitiva o enfoque ha logrado un amplio común denominador en la UE, apoyada en la investigación social y el intercambio de buenas prácticas. La convergencia institucional depende de los compromisos políticos; aunque está siendo apoyada por los fondos europeos, el hecho de que las competencias en política social sean nacionales supone no pocas inercias de resistencia al cambio. A ello hay que añadir las tensiones que los Estados de Bienestar afrontan desde la gran depresión de 2008 que han tendido a desplazar la moderada socialización de los costes de los cuidados al ámbito de las personas y los hogares o, si se prefiere a reforzar la individualización de los riesgos del cuidado.
Por ello, en el debate y análisis sobre los CLD (quién cuida, cómo se cuida, con qué recursos y con qué objetivo final) es preciso tener en cuenta, tanto a nivel de la UE, como a nivel de cada país miembro, la luz y oportunidades que arroja la Estrategia Europea de Cuidados y las sombras que devienen de las inercias del pasado y de las resistencias sociales e institucionales a desarrollar un modelo de cuidados basado en la centralidad de la persona.
[1] Estrategia Europea de Cuidados de Larga Duración: https://imserso.es/el-imserso/relaciones-internacionales/union-europea/estrategia_europea_cuidados
