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Mujeres Cuidadoras

Más allá de los cuidados: el talento de las mujeres

8 de marzo de 2020

Con ocasión del día de la mujer que se conmemora el 8 de marzo, desde Fundación Pilares hemos homenajeado a las mujeres cuidadoras, pero, más allá de denunciar la escandalosa brecha de género que se mantiene en torno a los cuidados y la falta de apoyo público a esta labor, también queremos abrir un espacio de reflexión sobre el papel de las mujeres adultas mayores en nuestra sociedad.

A menudo los medios de comunicación y el imaginario social tienden a mostrar una imagen homogénea y en muchos casos estereotipada de las personas adultas mayores, más aún cuando se habla de mujeres. Nos situamos en el marco normativo de una sociedad que persigue la eterna juventud y enfatiza los valores que ésta representa, en el que las propias personas mayores interiorizan que ellas mismas y las aportaciones que realizan carecen de “valor” o “significado”, lo cual contribuye al refuerzo del estereotipo y, por tanto, al rechazo social.

Desde hace años se viene trabajando y exigiendo el reconocimiento de una imagen social pertinente , es decir, que responda fielmente a las nuevas formas de asumir la longevidad y que visibilice el potencial y la pluralidad de las personas adultas mayores.

Esta persistencia en la distorsión de la imagen de éxito que realmente significa la prolongación de la esperanza de vida, es a la vez sensacionalista y discriminatoria porque refuerza el edadismo y proclama que en lugar de constituir un éxito social constituye un problema. Esta discriminación se evidencia para las mujeres en todos los sectores, como, por ejemplo, cuando las mujeres que trabajan en el cine y en el teatro denuncian la invisibilidad a que se somete a las actrices cuando cumplen 50 años. Efecto que se sigue produciendo en diversos sectores y fundamentalmente en el imaginario colectivo, cuando, por ejemplo, analizamos la industria de la publicidad en la que se insiste en perpetuar la imagen de la mujer adulta mayor como una “abuela” con un claro sesgo familista, restringida exclusivamente a lo doméstico y abocada a tareas de cocina o cuidado de los nietos y otros miembros de la familia. A este estereotipo de mujer anclada en el entorno familiar se suma el sexista, visible en otras campañas publicitarias, como las dirigidas a problemas de incontinencia donde claramente pareciera que se dirigen exclusivamente al público femenino.

En contraposición a esta imagen, se difunde poco la presencia de tantas mujeres mayores que lideran los movimientos por la defensa de los derechos humanos, donde el papel de las mujeres ha sido y continúa siendo mayoritario . Lo mismo ocurre respecto a mujeres investigadoras, mujeres empresarias, mujeres artistas, mujeres al frente de organizaciones internacionales y mujeres en la dirigencia política de muchos países que superan los 60 y 70 años de edad.

Es a todo este talento de las mujeres (y nótese que rechazamos el término “talento senior” por sus claras connotaciones patriarcales) al que queremos referirnos en esta jornada del 8 de Marzo que nos convoca nuevamente a reivindicar el papel de la mujer en nuestra sociedad.

Cuando decimos “talento de las mujeres” hablamos de su presencia en todos los ámbitos de la vida social, indudablemente precedido por su protagonismo ancestral en la “cultura del cuidado” que se extiende hasta nuestro días, pero que pone de manifiesto la necesidad de reivindicar un nuevo contrato de género y de solidaridad intergeneracional, en el que las mujeres mayores puedan ejercer su “generatividad” con las nuevas generaciones promoviendo una sociedad que aprende de la sororidad, como una forma de reproducción social que nos comprometa a todos y a todas. Todas estas mujeres tendrán entre sus retos el de tejer y construir nuevas redes para dar respuesta a problemas típicos de nuestra época en relación a la imagen y el trato de las personas mayores y en particular, el de las mujeres. Hablamos de generaciones que aportan y suman su saber hacer y su background que. aun atravesado por la persistente artesanía de los cuidados, aportan los aprendizajes de un creciente empoderamiento que han ido experimentado en las diferentes esferas de su vida, personal y profesional, dotándose a sí mismas de mayor visibilidad, posicionamiento y poder en la composición de la estructura social.

Una de las claves para revertir y resignificar esta realidad pasa por la trasformación del lenguaje como trasmisor de valores y sistema mediante el cual se construyen realidades. La insistencia en los aspectos “negativos” sobre el envejecimiento genera que no solo gran parte de la sociedad considere que las personas mayores “no valen nada”, sino que éstas se lean a sí mismas en estos términos y además genere dolencias psicológicas y emocionales. Cambiar el lenguaje y la imagen social del envejecimiento resulta imprescindible para que las personas mayores tengan la visibilidad y el reconocimiento social que deben, partiendo de la constatación de que, si al edadismo general existente le sumamos la discriminación por ser mujer, se produce un “cruce de caminos” que genera una doble exclusión social, “mujer-mayor”.

Esta discusión cobra mayor pertinencia si tenemos en cuenta que asistimos a un escenario demográfico en el que la estructura de población se está invirtiendo a un ritmo vertiginoso, por lo que los Estados, las industrias y todos los estamentos sociales tienen que repensar su posición, su sistema de roles y valores, así como su oferta de productos y servicios en función de las características demográficas y las necesidades vitales de las sociedades hacia las que nos dirigimos. La permanencia de esta tendencia apunta a que España en 2050 concentrará su mayor grupo poblacional entre los 70 y los 80 años de edad. Esta situación nos obliga, inevitablemente, a reflexionar sobre el nuevo perfil de persona mayor con el que ya nos estamos encontrando. Y si seguimos el hilo de las tendencias y las proyecciones sobre el movimiento demográfico de nuestra población observamos que el porcentaje de mujeres con respecto al de los hombres continuará siendo más alto, en tanto que su esperanza de vida continúa siendo mayor aunque en la actualidad se esté estrechando el margen.

Asistimos, pues, al surgimiento de una nueva y heterogénea generación de mujeres mayores que comprende un abanico plural y diverso que representan la acumulación de un rico bagaje experiencial que rompe con lo exclusivo del ámbito doméstico y reproductivo. De ahí que nos coloquemos frente a un nuevo perfil de mujer mayor, que reivindiquemos su talento (rechazando de paso el apelativo de “senior”) y que demos el valor que merecen sus aportaciones.

Desde Fundación Pilares para la autonomía personal trabajamos por la ruptura de las imágenes negativas prevalentes en torno a las personas mayores, en general, y a la mujer mayor en particular, reivindicamos la riqueza de sus aportaciones en todos los ámbitos de la sociedad y apostamos por un cambio cultural en el ámbito de los cuidados en el que logremos difuminar la imagen y la cultura de mujer cuidadora para caminar hacia una sociedad que verdaderamente reconozca el valor inestimable de los cuidados como bien social. En la construcción de esa comunidad cuidadora, todos (ciudadanía y poderes públicos) habremos de comprometernos.

Artículo de la Fundación Pilares con motivo del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo de 2020


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